jueves, 20 de mayo de 2010

QUILMES (0) - BELGRANO (0)

El último sábado




Habíamos dormido, ¿cuánto, tres horas como mucho? La resaca respondía a las ganas de no pensar de la noche anterior. Una semana muy productiva, hundiéndose en laburo, la mente ocupada. El miedo, los nervios. Creo saber en que momento se acabaron. O mejor, en qué momento afloró la fe. Faltaba una hora para el partido y ya estábamos acomodados donde siempre. En la cola, esperando a que abran el Centenario, éramos fantasmas. Y adentro, algo nos sacudió.

“Mi viejo está presente”, decía una bandera. La estaban colgando. Y se nos vino con tado al balero el recuerdo de Huguito. Ante un estadio que se iba llenando y un campo d juego vacío, nos pusimos a llorar.

Y yo no podía parar. Estuve quince minutos llorando. Y en parte era porque sabía que íbamos a subir.

Estar bajo esa tormenta de papeles valió la pena todo el sufrimiento.

Y Quilmes manejaba el partido. Bien, tranquilo. Las cosas que un doble cinco puede hacer por tu ritmo cardíaco.

Aunque el gol no llegaba. Y es que el final tenía que ser a lo Quilmes.

Bien todos en el primer tiempo. Le faltó vértigo al Japonés, nomás. Bien Cerrito, mostrándose. Meza como siempre. Muy bien Kali, que hizo sus mejores partidos en estas dos últimas fechas. ¡Cómo pusieron Garnier y Gómez! Bien el fondo, impecable el Mugre. Y Tripodi no tuvo laburo, pero iba a estar.

El entretiempo era un sillón desvencijado en el pasillo de una maternidad. Mucho frío, acurrucados, mirando el reloj. ¿Qué sería?

En el segundo tiempo hubo un retroceso. Una vuelta a los partidos intrascendentes de esta campaña. Un cierre simétrico, recordando aquel cero a cero inicial contra Boca Unidos.

¿Cómo había sido el final de ese partido? No pasaba nada. ¿Queríamos que termine? Seguramente no. Pero se sabía que no iba a pasar nada.

La cabeza, qué bicho jodido. Tenía que susurrar: “ese es Belgrano, ¿te acordás de Belgrano?”

Entonces sí, por favor, que termine. Y, por supuesto, esperábamos para el final, la parte más dolorosa del parto.

Y entonces, uno de los momentos más extraños de mi historia con Quilmes. Lunati estaba señalando el centro. ¿En serio? ¿No íbamos a tener que regurgitar el corazón?
No, pero el corazón se nos fue en gritos. Yo parecía un burro agonizante. Me temblaba todo saltando frente a los jugadores en el arco del polideportivo. Se me contracturó la panza vivando a Tripo, que saltaba en el paragolpes de la autobomba. Se me estrujó el pecho en Rivadavia e Irigoyen.

Gracias Quilmes. Gracias Huguito.

lunes, 3 de mayo de 2010

CAI (0) - QUILMES (0)

Lo que el viento nos dejó





Pasó el viento y no fue tanto. En la pantalla estaba, se veía, pero no nos arrastró. Cuando amainó, a la noche, vimos que los puntos no se habían volado.

Y además, ¿qué nos quedó?

Algunas certezas, como que Trípodi es la figura sobresaliente e indiscutible de este plantel. Si ascendemos, para él son las palmas más fuertes.

Otra: este equipo está para más. Es una cuestión de levantarse bien —y no acostarse tan tarde como nos pasó en Comodoro, inconvenientes aéreos mediante— y tenerse fe. Ahí está el factor diferencial que no permite demostrar la verdadera distancia de este Quilmes con los demás equipos de esta categoría. La falta de fe ha sido quizá en gran parte responsabilidad de los técnicos que tuvo el plantel, que se cansaron de tirar el juego atrás y de carecer de variantes ante trámites cerrados, abandonando a menudo a los jugadores en la impotencia. Quilmes ha sido un equipo lacónico que llegó a la actual posición de privilegio por medio de destellos, de fogonazos que se generaron por el propio peso de la calidad de sus integrantes.

Si Quilmes asciende, ¿es justo? Por supuesto que sí, no les quepan dudas. ¿Quién sino? ¿Instituto, que se cansó de perder durante el spring final? ¿Rafaela, totalmente ciclotímico, que incluso perdió con Italiano? ¿All Boys?

Quilmes jugó cansado en una cancha difícil. No era tanto el viento, pero el campo era lamentable. Eso atentó contra la precisión mínima necesaria para lastimar a un equipo tan vulnerable como la CAI. El planteo no fue malo, pero el derrotero timorato de este torneo todavía causa lagunas espirituales. En los momentos en que a Quilmes le volvió el alma al cuerpo, lo pudo ganar. Y en ese momento, pagó un par de cuotas de la suerte que venía gastando a crédito desde hace rato.

Ahora las dudas. ¿Podrá el equipo quitarse los remolinos de la cabeza y ganar el ascenso? Porque el ascenso es muy posible, pero podemos tanto ganarlo como ligarlo. ¿Saldremos a ganarlo el martes? ¿Saldremos todos a ganar el martes, pensando en que ya no es momento de reclamos sino de validaciones?

El martes hay que agarrar la pala para salir de esta categoría de emergencia. Hagamos algo que el viento no tire.