lunes, 29 de marzo de 2010

INSTITUTO (0) - QUILMES (1)

De noche en la ruta, lejos de Quilmes




Al final, eso de que Rosario estaba cerca resultó otra de las mentiras del Sr. Páez y las veintiún horas del día jueves nos encontraron en el medio del campo. Lejos de Quilmes, del sur del conurbano. Lejos de Quilmes, lejos de Córdoba. De golpe se nos estrujaron las tripas. Me fije la hora y, sí, ya debía de haber comenzado el partido. ¿Qué estaría pasando en Córdoba? Tratamos de dormir, pensar en otra cosa, pero nada. Sólo fijar la vista en lo negro de la noche, con una mano en el vientre y la otra entre los dientes.
El asiento del coche cama, recorrido Rosario-La Plata, se asemejaba más una banqueta en un pasillo de hospital que a una catrera de nombre bonito, con mil imágenes del partido tratando y nunca terminando de definirse, siempre ganadas por la penumbra. ¿Se podía, nuevamente? ¿Caerían las columnas de Alta Córdoba?

Las Cinco Profanaciones

Variante bíblica del turismo social, el fixture a principio de año se presentaba como un tour por templos extraños a modo de cordero sacrificial: Corrientes, Mar del Plata, Jujuy, San Juan, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Comodoro. El primero fue experiencia de degüello. En los demás, Quilmes fue profano, destándose las patas y meando la fiesta. En la última ocasión, la herejía desató la furia de los feligreses cuyanos. Imaginándola desde el micro, la cancha de Instituto era sangre o fuego. Sangre cervecera en el césped o fuego en las ruinas de La Gloria. Sabríamos luego que, cual Sansón, Sava volteó tempranamente los pilares del templo, que fue derrumbándose el resto del partido.




Los Siete Jinetes del Apocalipsis

Ahora que tenemos la punta, la ilusión adopta una postura seria, responsable, ante la imagen de la catástrofe de quedarse en el Nacional. Abajo, acechan los jinetes: Instituto, equipo paradigmático del torneo, sin brillo pero fuerte, ordenado y vertical; San Martín de San Juan, que viene barranca abajo y se acerca al —como dije anteriormente— precipicio de Italiano, donde si no consigue tres puntos, termina de quebrarse; Olimpo, quizás el equipo que más demostró en cancha, aunque demasiado mezquino en ocasiones —no el caso de la última fecha, metiendo cuatro pepas en Jujuy—; Unión, un equipo feo que saca puntos; All Boys, en apariencia el más débil, no obstante tiene la ventaja de jugar fecha por medio en la canchita enana de Liliput, donde saben atar grandotes; Atlético Rafaela, que cayó en el pozo ciego del Accia, pero es un equipo tan raro que a lo mejor rebota y sigue rompiendo quinielas; y por último Belgrano, el más ganador de la segunda rueda, que se puso a tiro de los lugares importantes. Pueden ser los rostros de la guerra, el hambre y la muerte. También el del primer jinete: la victoria.

Las Nueve Casas del Ascendente

Nueve paradas hasta el final del recorrido. Pocas si venís de atrás, muchísimas si bancás arriba. La primera es con Defe, que está pasando un hambre de Biafra y ante Quilmes le pinta el canibalismo —aunque muchas veces se le caen los dientes—; después viene Santa Fe, otro templo donde esquivar la cuchilla; acá con Tiro, que es uno de los equipos con mejores números de la segunda rueda; luego a la casita de Tucumán, que está tambalenate pero se te puede caer encima; en el Centenario, Independietne Rivadavia, y el imperativo de humillar al equipo de Vila; más tarde a la Ciudad de los Vientos, donde, esperemos, la veleta quede apuntando al norte; de local contra Ferro, con enroque de técnicos y ojala también de resultados; Platense allá, que se va a estar jugando la permanencia y la última con Belgrano, que trae algunos recuerdos negros. Nueve fechas, nueve colores. Dios quiera que vaya de castaño a claro más que a oscuro.

Viaje al fin de la noche

Hablo de todo esto porque no pude ver el partido. Como en la novela de Céline, quería llegar hasta el fin de la noche. Ese lugar indeterminado pudo haber sido la terminal, la buena noticia, la punta del campeonato. O a lo mejor aun no estamos allí, sino que faltan un par de meses. Por lo pronto, el primer paso hacia la luz es este sábado, a la radiante hora de las cinco de la tarde.

lunes, 22 de marzo de 2010

QUILMES (2) - ITALIANO (0)

La feria del multiverso






Muchos coincidimos en que el del sábado fue un partido raro. Un partido que se correspondió con el clima: la gente, en la tribuna, parecía desacomodada. Italiano te ofrece un partido de otra dimensión, ya por el pequeño tamaño de su fútbol, ya porque proviene de una dimensión paralela. Italiano es un equipo de Primera B que luego de salir campeón quedó atrapado en un vórtice entre el Nacional y un campeonato alternativo donde su ascenso nunca sucedió. Italiano no dejó la Primera B, sólo salió a comprar puchos al limbo. Quilmes pisó ese limbo y de ahí la serie de extrañamientos.

Empecemos por el miedo a Italiano: ¿en qué mundo cabe tenerle miedo a un equipo que pierde casi todos los partidos? Quilmes nos inoculó la necesidad de atajarnos siempre. Que no tienen nada que perder, que pueden dar el batacazo… Era, supongo, el miedo a la ruina total. Italiano es un precipicio.
Del otro lado, quedaron los pronósticos de otra dimensión. Ganamos siete a cero. Que Quilmes gane por más de dos goles es, al menos, de otro campeonato. Tengo la sensación de que, si un cuervo da el pitazo final y terminamos tres arriba, se nos viene encima un fenómeno atmosférico-paranormal de alto riesgo. La cancha se muda entera a una escena de Polstergeist. O, mínimo, presenciamos una aurora boreal.

De otra dimensión fue también el gol de Sava. Quilmes ganando en un primer tiempo era un lugar en una galaxia muy, muy lejana. El cabezazo del Colo nos llevó ahí a la velocidad de la luz, y quedamos todos medio en pelotas. Se suponía entonces una vuelta a la normalidad, pero la normalidad resultó algo tan raro que hasta los jugadores quedaron en cualquiera, teletransportando el Centenario al Planeta del Terror, aquel en que Italiano manejaba el partido y hasta llegaba al arco.

Los segundos tiempos son un lugar más conocido para el fútbol de Quilmes, y ahí la cosa se acomodó. Segundo gol, tranquilidad y los méritos para un par de tantos más. La habitual merienda de goles casi hechos. Pero, una vez que hicimos pie en este universo un poco más conocido, vimos que nos quedamos con ganas de más y nos pegamos una vuelta por aquella Feria de la Alegría de la que habló y Vitrola, para poder ver en la bola de cristal algunas realidades alternativas de la historia cervecera reciente, que a continuación compartimos. Un recorrido por el multiverso:


Uno. El Pirata la mete.

Hay un universo en el que Czornomaz mete aquel gol en la final en Patricios y Quilmes asciende. Las seis finales
no existen y la Generación Dorada del Máquina, el Chapu y el Chori se consagra en primera, sentando precedente para bancar a una seguidilla de cracks surgidos del predio. Un trágico accidente aéreo, a la vuelta de un partido de copa, devuelve al cervecero a los torneos de ascenso, donde pena por tiempo indeterminado.


Dos. Gómez la mete.

Hay otro universo, bastante parecido a este, en que el volante central de Italiano mete esa bocha que tuvo frente a Trípodi. Al rato Sava mete el segundo y el primer tiempo termina sin que pase más nada. En el segundo, Caneo mete el tercero. Nada muy interesante. El que sigue.



Tres. Desábato tudo bom, tudo legal.

E
n uno de los universos más lindos, Desábato nunca tiene ese problemita con Grafite en San Pablo y Quilmes avanza hasta cuartos de final en esa copa. Reina en el Cervecero el buen ánimo y, con la base de ese plantel, Quilmes gana el Clausura al año siguiente y la Libertadores al otro. La figura excluyente es el Máquina, que, en un crossover de universos, llega desde una realidad en la que se cuidó y la descosió constantemente. En 2006, junto a su amigo el Chapu, levantan la copa en Alemania. Hacia 2010, una campaña de mitad de tabla hace que se comience a cuestionar a ciertos históricos, pero la gran mayoría está convencida de que la situación va a mejorar.




Cuatro. Gómez también la mete.

En este universo, Leonardo Gómez también mete ese gol, pero esta vez los jugadores de Quilmes se taran y el partido termina uno a uno. Lo que sigue es demasiado horrible para contarlo.



Cinco. Herbella best-seller.

Entre los universos más entretenidos, está uno en que el Doctor Herbella al final no es Doctor. Resulta que su carrera futbolística se corta en las inferiores de Vélez y, en el tiempo libre que le queda mientras cursa medicina —que no es mucho—, asiste al taller literario de un reconocido escritor que hace rato no publica y vive exclusivamente de las clases. Herbella reacomoda sus prioridades, deja la facultad y gana tempranamente un importante —más que nada por su recompensa en metálico— premio literario, otorgado por un matutino. Sus siguientes trabajos tienen un relativo éxito de ventas y ejerce el periodismo cultural hasta que un contacto político hace que se vuelque a la carrera diplomática, convirtiéndose en uno de los embajadores más jóvenes de la historia argentina. Cuando Desábato es detenido en Brasil, el embajador Herbella acude para destrabar el conflicto. Una vez allí, ante la visión de los escudos de Quilmes en la vestimenta de los jugadores, lo asalta una epifanía, una visión de lo que pudo haber sido, e irrumpe dentro del calabozo, rompiendo uno de los muros con un Torino preparado. Escapa luego, con el Chavo a bordo, hacia la frontera. Estalla la discordia entre los países hermanos y en consecuencia tenemos un paisaje postapocalíptico, desértico y radioactivo. Herbella se convierte en un Mad Max criollo. El fútbol sigue.





Seis. Carrasco está habilitado.

Por último, un universo en el que el línea no levanta la bandera cuando el Burro Carrasco cabecea a la red. Tres a cero y después Diego Cardozo mete el cuarto. Quilmes concreta sus chances, es goleada y todos se van más tranquilos y/o satisfechos. Al partido con Instituto llegamos igual.



lunes, 15 de marzo de 2010

ALL BOYS (1) - QUILMES (0)

El eterno retorno del eterno retorno






—Somos unos enfermos mentales.

—¿Los de Quilmes?

—Sí, no… Los que seguimos fútbol, más bien.

—Por obsesivos.

—Sí, pero obsesivos compulsivos, en el sentido estricto de la patología. Porque hay cosas que se adaptan a moldes, cosas que pueden ser más o menos previsibles, qué pasa cuando se encuentra esquema A con esquema B, y el fútbol te da sorpresas, pero casi siempre se da la fija. Nosotros encontramos correspondencias y determinaciones en cosas casi sobrenaturales, pero las analizamos como marxistas ortodoxos. Pasamos de ser cabuleros a tener trastorno obsesivo compulsivo.

—Ejemplos, dale.

—¿Hacen falta? Fijate que ya hicimos una tipología recontra acotada de los partidos de Quilmes de esta temporada, esperando siempre que los resultados se mantengan dentro de ella, y tocándola sobre la marcha para seguir creyéndonosla.

—Es que, hasta ahora, no vimos un rango muy variado de tipos de partido.

—O sea que para vos, sí, este partido fue como el de Ferro.

—Claro, equipo en levantada, ahí nomás de agarrar la batuta, le agarra miedo escénico. Y fue un partido bastante parecido.

—El equipo de Bianco.

—Sí, el Regreso de los Muertos Vivos.

—¿Ves? También volvemos con lo de las pelis de terror.

—El Ataque de las Chauchas Mutantes. ¿En qué película estaban esas chauchas en los sótanos, que salían los tipos?

—La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos.

—La Invasión de las Chauchas Usurpadoras de Pechos.

—¿Vos decís que se viene una igual? ¿Qué ahora pecheamos contra Italiano?

—No, ni ahí, e Italiano no es Platense. Además, no tenemos una tipología de seguidillas, ¿no? Contra Italiano puede volver un Aldosivi o una C.A.I.

—De local, entonces es “ganar bien”, “ganar justo” o “cero a cero”.

—Ghiso reemplazó los “cero a cero” por “caída estrepitosa”, y mantiene “el ganar justo”, con la constante de no hacer goles en el primer tiempo.

—O sea, si terminamos ganando el primer tiempo, estamos ante la presencia de un “ganar bien”.

—Exacto, y ojala sea el caso del sábado que viene.

—Escuché que en los torneos que Quilmes perdió uno a cero de visitante con All Boys, después se ascendió.

—Claro, de eso no podemos hacer un análisis tan serio, es más una cuestión de fe, pero fijate cómo se repiten algunos resultados contra los mismos equipos, San Juan, ahora All Boys.

—Los dos con penales que no fueron.

—Fue rarísimo lo de este penal.

—Alguien dijo que lo mandó a cobrar el Doctor José Luis, para cortar con todo lo que venían boqueando.

—Sí, esa puede ser.

—Otra vuelta: la de las teorías conspirativas.

—Todo vuelve, no somos enfermos, es así.

—¿Contra Instituto qué vuelve? ¿Belgrano o San Juan?

—Esperemos que vuelva el fútbol.

—Ese nunca fue un factor demasiado importante para nuestra disciplina.

—Bueno, que vuelva el Caneo de Mar del Plata, Jujuy y San Juan.

—Ahí estamos en lo nuestro. ¿Viste quién volvió el otro día?

—¿Quién?

—Martín Seri, bajo la forma de Garnier.

—Otra vez volvemos con las de terror.

—El eterno retorno de lo sintomático.

—El eterno retorno de todo.

—El eterno retorno de la charla de café como recurso recontravisitado para relato con algo que ver con fútbol.

—El eterno puchero con los huesos del Negro Fontanarrosa.

—El eterno retorno del eterno retorno.

—Sí, pero para mí es todo más que cierto.

—El que todavía no volvió es Cerrito.

—Ya va a volver, vas a ver. Va a volver.

jueves, 11 de marzo de 2010

QUILMES (1) - OLIMPO (0)

Godzilla vs. Mothra vs. Sava vs. Delorte




Y ahora que la punta está a la vuelta, ilusionarse se vuelve algo más pesado. La cosa se va solidificando y pesa, los flashes de la última fecha con Belgrano te cruzan el mate y das la vuelta por una pasarela que linda el vacío. Mirás abajo y chivás frío. Vamos, che, salí de ese lugar en tu cabeza, hagamos foco. Vamos, Quilmes.



Paciencia. Le comentaba a mi novia, en la segunda bandeja, que ojala terminemos cero a cero el primer tiempo. No me veía festejando un gol en el arco de ahí abajo, pero me tenía fe para el segundo. Paciencia, que Ghiso se dé cuenta sólo. Yo soy de creer que un tipo que jugó en primera, en la Selección y es técnico hace rato, entiende más que yo. Pedirle, entonces, un cambio, no me parece que esté mal para nada, pero me da un poquito de bochorno. Igual lo pedí. Todos cantábamos que lo ponga.

Qué grandote que es Delorte. Encima con esos botines amarillos furiosos, imposible no verlo. El gigante, el monstruo que se te viene encima. Pesado, ojala no te incline la cancha. Como en esas películas japonesas, donde todos los ponjas se juntan en la rambla para ver cómo los monstruos hacen pelota todo a lo lejos, cómo pelean en el agua contra el ejército.



Borges dijo que el mar era la pampa de los ingleses. También lo puede ser para los nipones, que coinciden en pretensiones imperiales y en que son una islita. En la pampa nuestra —ese verde césped que se nos hace inconmensurable por lejano, porque lo corrimos en sueños, con la blanquita puesta, y se hacía más larga que la cancha del Niupi— veíamos cómo atacaba el monstruo, elevándose, como Mothra, la aterradora polilla. Y el ejército, en esta Little Tokio en que se convirtió el Centenario, se la estaba bancando bien. Caneo, el Presidente de Japón, no estaba en el mejor de sus días, pero no te dejaba olvidar que era el Presidente. Sólo faltaba que llegue Godzilla, para rematar la batalla. Y Godzilla siempre se hace desear.

El monstruo como corporización del duende del pueblo. El monstruo que puede salvar al pueblo y sigue siendo monstruo. La gran masa verde de nuestras conciencias, sobre el nivel de los sombreros, bajo el nivel del mar. El nueve con las piernas empantanadas como frustración de una hinchada grande que se hunde en la segunda categoría. El nueve haciendo pasadas, cual bestia enjaulada, como el dinamo de la multitud que cargaba de electricidad el cemento, esperando que le den al switch. Todos lo invocamos, como a Godzilla. Cantamos para que entre.



El choque de los gigantes se dio en un tiro de esquina. Delorte quiso golpear primero. La altura le jugó en contra, como la fuerza del cabezazo. Fuerte y hacia abajo, el cuero volvió de pavota. Monstruo milenario y de mil batallas, Godzilla ataca con sabiduría, valiéndose de la fuerza de su enemigo. Con un oportunismo digno de los sueños húmedos del mismísimo Tsun Tzu, el Colorado Sava infló la red con el parietal derecho. La ciudad estaba a salvo.

domingo, 7 de marzo de 2010

SAN MARTIN SJ (0) - QUILMES (1)

Caneo y los Confederados Borrachos





Hace tres días que estoy borracho y, no, no con cerveza, que este puede ser un blog bastante alusivo pero tampoco es el Olé y, en fin, a lo que le estuve dando es al fernet. El jueves llegó el civil correspondiente a la despedida de soltero concomitante al partido con Aldosivi y lo que pensé iba a ser un lunch y un brindis después de que los novios pongan el gancho resultó un zafarrancho de morfi, alcohol y metegol. El partido lo escuché volviendo en el auto y pude ver el final en la tele. El fernet me hierve la sangre y tenía ganas de cazar la bici e irme a las manos contra los francotiradores de la Barrick Gold. El viernes tuve una reunión, de nuevo con mucho fernet, y volviendo no sé cómo enganché no sé qué FM —los mp3 no tienen AM— que tiró los resultados de esa noche y no entraba en mí y quería, de nuevo, subirme a la bici y darle cuesta arriba hasta la punta y gritarle el campeonato a la Señora de Noble. Anoche fue la iglesia y la fiesta posta y hoy estoy arruinado. No sé que temperatura hay pero a mí me queman los brazos.



¿Se acuerdan de ese cuento del gordo Soriano, que mete el gol al final, de visitante, y terminan todos en la comisaría? Seguro que sí, debe ser uno de los cuentos más antologazos de la historia. Los partidos en el interior son así. Como no podés caer en la confitería del pueblo y levantarte una minita sin que te quieran moler a palos y dejarte en la ruta, tampoco podés ir a ganarle el partido. El centralismo existe en la mente de todos: en la indiferencia del habitante metropolitano —al que de vez en cuando le agarra un pedo telúrico y se enrosca en el mito del granero del mundo— y en la obsesión del provinciano. Cuando se juntan, es como si se juntasen la guardia baja y un cross a la mandíbula.




Me acuerdo de un episodio de South Park, en el que los vecinos del pueblito de Colorado recrean una batalla de la Guerra Civil, único que esta vez la ganan los del Sur y continúan su marcha hasta Washington. Ahora, ¿puede equiparase el Sur estadounidense a Cuyo? En el conurbano nos parecemos más. En ese episodio de South Park, los actores que hacen de Confederados llevan adelante la guerra porque están borrachos y no paran de tomar en todo lo que dura la campaña. Ponele que ahora estoy arruinado, pero si me habilitan unos tragos, otra vez, a la bici y contra todos, a punta de fusil a Constitución, a los estudios junto a la autopista, voy a tomar El Nacional. Por las dudas me lo llevo a Caneo. EL SUR SE VOLVERÁ A LEVANTAR




(Perdón por la escasez y la fisura)