lunes, 16 de agosto de 2010

ESTUDIANTES (2) - QUILMES (0)

¿Qué pasó?




Pasó un tiempo. El festejo se diluyó en la aventura maradoniana, que se diluyó en la amargura contra Alemania, que se fue apagando entre el laburo y las noticias del pago chico, que generaron expectativa primero, preocupación después, nuevamente expectativa porque sí, por poder volver al Centenario, junto a una tenue satisfacción por un funcionamiento amable a los ojos del equipo de blanco y una explosión tardía en el gol de Jota.

El partido contra Colón aportó una cuota de tranquilidad a una semana de por sí movida. Había que ser visitante en el Centenario y todos, seguramente, tendrían algo que decir.

Primero, yo no esperaba un buen resultado contra el pincha. El momento de renovar el crédito al equipo era antes del partido. No podía ser parámetro Estudiantes. Y tampoco el escenario. No íbamos a ser locales en el Centenario; a lo sumo, “menos visitantes”. Al final, nosotros nos hicimos sentir más, pero el factor “presión de estadio” era patrimonio platense. Tres lados del cuadrilátero eran albirrojos. Tres cuartas partes de los quejidos ante las decisiones arbitrales, también. Y sumando a esto el factor Verón, Beligoy terminó dándole a Quilmes trato de visitante.

Por supuesto que Quilmes no me gustó. Creo que a nadie le gustó. Si alcanzábamos el punto, por supuesto, lo íbamos a festejar. Pero no lo íbamos a alcanzar porque hubiésemos cerrado el partido, sino porque Tripodi había cerrado el arco. Sin embargo, repito, el pincha no puede ser parámetro, no en este momento.

Creo que vamos a andar bien. Pero no es en lo que estoy pensando en este momento. Esperanza hay, pero no me siento muy bien ahora por eso.

No. El domingo no la pasé nada bien. Creo que nunca me sentí tan mal en una cancha. Una sensación extraña, como despertarte en tu cama y que tu mujer te quiera apuñalar. Como una reversión perversa del cuentito gorila de Cortázar con el que tanto insisten siempre.

Salí para ir al Centenario. Me tomé, como siempre, el 324. Me bajé, como siempre, en la esquina del Parque de la Cervecería. Después, como en un sueño, pasé de un lugar conocido a uno extraño. Como en un sueño, entré a mi casa por una puerta que no era la de mi casa. Como en una pesadilla, mi casa no era mi casa.

Como en un sueño, el Chapu Braña metió un pique de cincuenta metros y definió picando la bocha contra un palo. Como en una pesadilla, el Chapu no tenía la de Quilmes.

Como en una pesadilla, de esas en que quedás paralizado, de esas en las que un demonio se te sienta en el pecho, nos quedamos viendo el césped vacío de un lugar que no terminábamos de reconocer. Un mundo absurdo de atajos y barreras invisibles. Un Quilmes en el que no me dejaban salir hasta Triunvirato por una Vicente López desierta.

Desperté a un lunes feriado, cosa de no salir del extrañamiento. Habrá que laburar medio dormido esta semana, entonces. Porque no creo que vaya a volver a la vigilia hasta el sábado a la tarde, contra el grana, en mi lugar y esperando ganar.

jueves, 20 de mayo de 2010

QUILMES (0) - BELGRANO (0)

El último sábado




Habíamos dormido, ¿cuánto, tres horas como mucho? La resaca respondía a las ganas de no pensar de la noche anterior. Una semana muy productiva, hundiéndose en laburo, la mente ocupada. El miedo, los nervios. Creo saber en que momento se acabaron. O mejor, en qué momento afloró la fe. Faltaba una hora para el partido y ya estábamos acomodados donde siempre. En la cola, esperando a que abran el Centenario, éramos fantasmas. Y adentro, algo nos sacudió.

“Mi viejo está presente”, decía una bandera. La estaban colgando. Y se nos vino con tado al balero el recuerdo de Huguito. Ante un estadio que se iba llenando y un campo d juego vacío, nos pusimos a llorar.

Y yo no podía parar. Estuve quince minutos llorando. Y en parte era porque sabía que íbamos a subir.

Estar bajo esa tormenta de papeles valió la pena todo el sufrimiento.

Y Quilmes manejaba el partido. Bien, tranquilo. Las cosas que un doble cinco puede hacer por tu ritmo cardíaco.

Aunque el gol no llegaba. Y es que el final tenía que ser a lo Quilmes.

Bien todos en el primer tiempo. Le faltó vértigo al Japonés, nomás. Bien Cerrito, mostrándose. Meza como siempre. Muy bien Kali, que hizo sus mejores partidos en estas dos últimas fechas. ¡Cómo pusieron Garnier y Gómez! Bien el fondo, impecable el Mugre. Y Tripodi no tuvo laburo, pero iba a estar.

El entretiempo era un sillón desvencijado en el pasillo de una maternidad. Mucho frío, acurrucados, mirando el reloj. ¿Qué sería?

En el segundo tiempo hubo un retroceso. Una vuelta a los partidos intrascendentes de esta campaña. Un cierre simétrico, recordando aquel cero a cero inicial contra Boca Unidos.

¿Cómo había sido el final de ese partido? No pasaba nada. ¿Queríamos que termine? Seguramente no. Pero se sabía que no iba a pasar nada.

La cabeza, qué bicho jodido. Tenía que susurrar: “ese es Belgrano, ¿te acordás de Belgrano?”

Entonces sí, por favor, que termine. Y, por supuesto, esperábamos para el final, la parte más dolorosa del parto.

Y entonces, uno de los momentos más extraños de mi historia con Quilmes. Lunati estaba señalando el centro. ¿En serio? ¿No íbamos a tener que regurgitar el corazón?
No, pero el corazón se nos fue en gritos. Yo parecía un burro agonizante. Me temblaba todo saltando frente a los jugadores en el arco del polideportivo. Se me contracturó la panza vivando a Tripo, que saltaba en el paragolpes de la autobomba. Se me estrujó el pecho en Rivadavia e Irigoyen.

Gracias Quilmes. Gracias Huguito.

lunes, 3 de mayo de 2010

CAI (0) - QUILMES (0)

Lo que el viento nos dejó





Pasó el viento y no fue tanto. En la pantalla estaba, se veía, pero no nos arrastró. Cuando amainó, a la noche, vimos que los puntos no se habían volado.

Y además, ¿qué nos quedó?

Algunas certezas, como que Trípodi es la figura sobresaliente e indiscutible de este plantel. Si ascendemos, para él son las palmas más fuertes.

Otra: este equipo está para más. Es una cuestión de levantarse bien —y no acostarse tan tarde como nos pasó en Comodoro, inconvenientes aéreos mediante— y tenerse fe. Ahí está el factor diferencial que no permite demostrar la verdadera distancia de este Quilmes con los demás equipos de esta categoría. La falta de fe ha sido quizá en gran parte responsabilidad de los técnicos que tuvo el plantel, que se cansaron de tirar el juego atrás y de carecer de variantes ante trámites cerrados, abandonando a menudo a los jugadores en la impotencia. Quilmes ha sido un equipo lacónico que llegó a la actual posición de privilegio por medio de destellos, de fogonazos que se generaron por el propio peso de la calidad de sus integrantes.

Si Quilmes asciende, ¿es justo? Por supuesto que sí, no les quepan dudas. ¿Quién sino? ¿Instituto, que se cansó de perder durante el spring final? ¿Rafaela, totalmente ciclotímico, que incluso perdió con Italiano? ¿All Boys?

Quilmes jugó cansado en una cancha difícil. No era tanto el viento, pero el campo era lamentable. Eso atentó contra la precisión mínima necesaria para lastimar a un equipo tan vulnerable como la CAI. El planteo no fue malo, pero el derrotero timorato de este torneo todavía causa lagunas espirituales. En los momentos en que a Quilmes le volvió el alma al cuerpo, lo pudo ganar. Y en ese momento, pagó un par de cuotas de la suerte que venía gastando a crédito desde hace rato.

Ahora las dudas. ¿Podrá el equipo quitarse los remolinos de la cabeza y ganar el ascenso? Porque el ascenso es muy posible, pero podemos tanto ganarlo como ligarlo. ¿Saldremos a ganarlo el martes? ¿Saldremos todos a ganar el martes, pensando en que ya no es momento de reclamos sino de validaciones?

El martes hay que agarrar la pala para salir de esta categoría de emergencia. Hagamos algo que el viento no tire.

martes, 27 de abril de 2010

SAN MARTIN TUC. (1) - QUILMES (1) & QUILMES (1) - VILA (1)

PARA SER CAMPEÓN
HOY HAY QUE CAMBIAR

sábado, 17 de abril de 2010

QUILMES (1) - TIRO FEDERAL (0)

Feo, grande y puntero




Ya está. ¿Alguien espera otra cosa, en momentos como este, que ganar? La chapa la estamos mostrando en el interior. Y el juego… Bien, en una categoría donde a casi nadie le sobra nada, no pretendo que Quilmes, con el par de meses que apenas tiene este proyecto, junte la tarasca para pagarse el Concord de Grecia a España. Cuando arranqué este blog, después de la caída en Corrientes, tenía miedo de tener que ponerme a escribir sobre la catástrofe semana tras semana. No saben lo lindo que es actualizar el fixture.

Cosa de no banalizar situaciones por demás dramáticas, me gusta imaginar un torneo áspero como el Nacional más como cine catástrofe que como bélico. Catástrofe a manos de monstruos, tomando más su costado de fealdad que de excepcionalidad. Quilmes se toma todo el partido para demostrar que es un monstruo feo y al final te tira todo. Mientras, los demás lloran, esquivando la caída de los escombros.

Cómo lloran. En serio es de película, porque no se puede creer. No se puede creer que San Martín de San Juan, equipo tramposo como si los hay, una manga de tirapiedras que NECESITA CORTAR LA LUZ PARA AGUANTAR A DEFENSA Y JUSTICIA, llore tanto. No se entiende cómo un equipo al que le han regalado tantos penales como a All Boys le de la cara para chillar así. Sangran como en una de Romero.

¿Una película, entonces? King Kong. No pueden lidiar con que el feo se quede con la linda y, cuando está allá arriba, le tiran con todo. Todos los llorones, desde el asfalto, mirándolo aferrado a la punta del Empire State, esperando que se caiga. Pero esta vez ganan los feos. Los aviones se regodeaban como moscas ante el inminente fiambre, ante el final anunciado. Pero resulta que le pareció otra cosa a nuestro King Kong. A Ramón, nuestro King Gol. Volvió una noche al Centenario, para comérselos a todos.

lunes, 12 de abril de 2010

UNION (0) - QUILMES (0)

Un puntazo





Hay una sensación de intemperie en el partido de visitante, algo que uno supone debe sentir el jugador sin un público que lo apoye: la ropa es conocida, tenés puesto el pijama, pero estás desayunando en la vereda. Oh, casualidad, yo tampoco pude dar cuenta en situación de hogar de los partidos de Quilmes en el interior. Ahora lo considero prácticamente una cábala, pero una con una vueltita extra, porque es algo que se me tiene que dar y no debo planear: siempre me tocó tener que estar haciendo algo en la calle —por suerte, y toco madera, todavía no me pasó con los partidos de local—, y siempre por cuestiones que me excedían. No funciona si digo nomás que me voy a comprar puchos.

El viernes otra vez me tocaba sufrir el partido lejos de casa, teniendo que viajar hasta los confines occidentales de la Capital Federal, flotando en la precariedad del transporte público, a través de las sinuosas mareas de tráfico porteñas.

La reunión terminó junto al primer tiempo, momento en el cual pude leer el resumen del primer tiempo vía SMS de mi novia: bien Quilmes, partido parejo, echaron a Meza. Carajo. Encima me había olvidado los auriculares.

De regreso a Correo Central, esperaba novedades con la vista fija en las baldosas porteñas, que se empujaban atolondradas. Nada, Quilmes mantenía el cero. Tomando ya calle Corrientes, estaba igual de nervioso, pero bastante menos asustado. Ya casi en el centro, estaba esperando el mensaje que diga que habíamos empatado.

De golpe, el chofer para el colectivo y dice algo. Yo venía en otra y me acerqué a preguntarle qué había dicho.

—Que termino acá, hay que bajar.

Faltaban como quince cuadras. Ni daba.

—Porque termino acá, flaco, dale que tengo que seguir.

Me di vuelta y empecé a ir despacio hasta la puerta del fondo.

—¿Me estás cargando, nene? Bajá de una vez.

No, no, no. Quilmes aguantaba.

—¡Te bajo del forro del orto!

No, viejo, vos te vas a quedar sentado. Yo me tomo mi tiempo y Quilmes aguanta.

Amagó a arrancar. Y dale nomás, si total me acercás más al final del recorrido. Se quedó en el ruido. Levanté el pie derecho bien alto, cosa que tarde en llegar al suelo. El Cervecero pisaba fuerte. Apenas bajé quiso salir a las chapas. Pero no le alcanzó para evitar la patada que le puse en el costado. Se fue con un bollo, un bollito. Un puntazo.

lunes, 5 de abril de 2010

QUILMES (2) - DEFENSA (1)

En breve y lo breve






Mucho y ¿muy pronto? Muy rápido, seguro. Este torneo tiene de todo y en pequeñas dosis. Más que nada el fútbol. ¿Alguien lo está disfrutando menos? A este Nacional le falta un gran equipo y lo compensa con emociones en forma de muñequitas rusas. Desastres dentro de candidatos y partidos dentro de partidos. Esperemos que la muñeca más grande, final, tenga puesta la blanquita.


***


Diego tuvo que laburar el sábado a la tarde. La primera vez que le tocaba, pero era una especie de urgencia y no podía zafar. Desde la tres estuvo pasando datos en la máquina con los auriculares puestos. La previa lo estaba volviendo loco y medio tarado, gastando demasiado tiempo en tareas nimias. Aflojó con la radio hasta las cinco. Pasadas las cinco y media, no pudo laburar más. Se descompuso y terminó abrazado al inodoro. Lo dejaron irse. Llegó hecho una bola de nervios a la casa, justo para ver el gol de Carrasco. Cuando terminó de gritarlo, se sintió el gusto ácido en la garganta y pensó: “Igual no, no se puede jugar tan mal”.


***


El de Florencio Varela es un municipio que se ha visto significativamente alterado por el proceso de desindustrialización iniciado en la segunda mitad de los setenta y la correspondiente reubicación en los márgenes metropolitanos de los cúmulos poblacionales no incluidos en el nuevo modelo económico, obteniendo en consecuencia un elevado y progresivo porcentaje de habitantes debajo de la línea de pobreza. La aparición y desarrollo de Defensa y Justicia se da en paralelo a esta reconfiguración demográfica, generándose entre club y ciudad una identificación que, gran parte del tiempo, ocupa un rol secundario: una concurrencia relativamente importante sólo es posible para Defensa con hinchas prestados. Tengamos en cuenta que hablamos de historias bastante recientes.
Yo vivo en Varela y cuando era chiquito y Defensa estaba en Primera B, era el único entre mis compañeros del colegio que se fijaba más o menos cómo iba el Halcón. Luego de su último ascenso al Nacional, la cosa cambió: todos de golpe eran del Defe y yo, como era hincha de Quilmes, era el enemigo. Les hice saber, por supuesto, que eran una manga de caretas y que para mí esa rivalidad no existía. Pero la gente a la que le gusta boquear no deja pasar oportunidad alguna y con el tiempo me inflaron un poco los huevos. Los de Defensa son como esos tipos que hablan todo el tiempo de lo buenos que son en la cama y terminan ofreciendo episodios lastimosos y breves. Cortitos como ellos. Breves como son sus años, que consisten nomás en un par de partidos. Breves como fue el partido de Defensa el sábado, que a la media hora se fue en seco.


***


Las mesetas le eran un paisaje familiar. Bastaba con mandarse unos minutos por la ruta y ahí aparecían, desparramados, pequeños cerros limados. No eran de esas mesetas extensas, norteñas. Para él esas mesetitas eran como las vacas, con la familiaridad del viento.
En una meseta, ahí estaba sentado. Porque la cosa no subía, y tampoco se sentía en la hondonada. Como sea, estaba sentado, viendo cómo a sus amigos no les estaba yendo bien. No le gustaba. Pero a Mauricio le tocó. Ese puntazo, una vez en el césped, para sellar la victoria, lo bajó de la meseta y lo devolvió a la ruta. Se le llenaron los ojos de lágrimas, como las que allí le ponía el viento de su Neuquén natal.


***


José se levantó el domingo para hacer zapping con un tedio suicida. Era un día fresco pero lindo. Afuera se oían las voces que marchaban a misa. José no había querido ir a buscar el diario y todavía estaba en pijama. Al rato dejó puesto el canal 2 para indignarse gratis un rato. Pensó en hacerse un mate pero nunca terminaba de levantarse de la silla. Se dio cuenta de que no era indignación lo que tenía sino angustia. Un terrible miedo al vacío. ¿Cómo iba a sobrevivir este Domingo de Pascuas? ¿Qué pasaría si Quilmes ascendía? ¿En qué pensaría el año siguiente? ¿Para qué ir a ver al Defe? Por fin se levantó para calentar la pava, pensando que a lo mejor Boca levantaba y peleaba el campeonato que viene.


***


No saben cuánto me duele la cintura. Qué tensión, viejo, el partido. No daba pechear, más cuando fue la primera vez que hacíamos sentir visitante a un equipo. Muchos ya arriesgan, dejan la cautela de lado. Ojala fuese un de ellos. Pero yo fui confiado el sábado y me hice gárgaras con los huevos. Quilmes se encarga de recordarte que sos de Quilmes. Bienvenido sea si es por finales así. Este equipo tiene épica.
Quizá bien adentro ya lo sepa, pero tampoco es una fija. Si ganamos las dos fechas que vienen, sí, ya me siento en primera —no son partidos fáciles y los demás se cruzan—. Igual, no tengo apuro. La cima está para disfrutarla y los días se pasan volando, con las revalidaciones saltándote encima. Quiero que dure y falta poco. En breve, la realidad.