lunes, 5 de abril de 2010

QUILMES (2) - DEFENSA (1)

En breve y lo breve






Mucho y ¿muy pronto? Muy rápido, seguro. Este torneo tiene de todo y en pequeñas dosis. Más que nada el fútbol. ¿Alguien lo está disfrutando menos? A este Nacional le falta un gran equipo y lo compensa con emociones en forma de muñequitas rusas. Desastres dentro de candidatos y partidos dentro de partidos. Esperemos que la muñeca más grande, final, tenga puesta la blanquita.


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Diego tuvo que laburar el sábado a la tarde. La primera vez que le tocaba, pero era una especie de urgencia y no podía zafar. Desde la tres estuvo pasando datos en la máquina con los auriculares puestos. La previa lo estaba volviendo loco y medio tarado, gastando demasiado tiempo en tareas nimias. Aflojó con la radio hasta las cinco. Pasadas las cinco y media, no pudo laburar más. Se descompuso y terminó abrazado al inodoro. Lo dejaron irse. Llegó hecho una bola de nervios a la casa, justo para ver el gol de Carrasco. Cuando terminó de gritarlo, se sintió el gusto ácido en la garganta y pensó: “Igual no, no se puede jugar tan mal”.


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El de Florencio Varela es un municipio que se ha visto significativamente alterado por el proceso de desindustrialización iniciado en la segunda mitad de los setenta y la correspondiente reubicación en los márgenes metropolitanos de los cúmulos poblacionales no incluidos en el nuevo modelo económico, obteniendo en consecuencia un elevado y progresivo porcentaje de habitantes debajo de la línea de pobreza. La aparición y desarrollo de Defensa y Justicia se da en paralelo a esta reconfiguración demográfica, generándose entre club y ciudad una identificación que, gran parte del tiempo, ocupa un rol secundario: una concurrencia relativamente importante sólo es posible para Defensa con hinchas prestados. Tengamos en cuenta que hablamos de historias bastante recientes.
Yo vivo en Varela y cuando era chiquito y Defensa estaba en Primera B, era el único entre mis compañeros del colegio que se fijaba más o menos cómo iba el Halcón. Luego de su último ascenso al Nacional, la cosa cambió: todos de golpe eran del Defe y yo, como era hincha de Quilmes, era el enemigo. Les hice saber, por supuesto, que eran una manga de caretas y que para mí esa rivalidad no existía. Pero la gente a la que le gusta boquear no deja pasar oportunidad alguna y con el tiempo me inflaron un poco los huevos. Los de Defensa son como esos tipos que hablan todo el tiempo de lo buenos que son en la cama y terminan ofreciendo episodios lastimosos y breves. Cortitos como ellos. Breves como son sus años, que consisten nomás en un par de partidos. Breves como fue el partido de Defensa el sábado, que a la media hora se fue en seco.


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Las mesetas le eran un paisaje familiar. Bastaba con mandarse unos minutos por la ruta y ahí aparecían, desparramados, pequeños cerros limados. No eran de esas mesetas extensas, norteñas. Para él esas mesetitas eran como las vacas, con la familiaridad del viento.
En una meseta, ahí estaba sentado. Porque la cosa no subía, y tampoco se sentía en la hondonada. Como sea, estaba sentado, viendo cómo a sus amigos no les estaba yendo bien. No le gustaba. Pero a Mauricio le tocó. Ese puntazo, una vez en el césped, para sellar la victoria, lo bajó de la meseta y lo devolvió a la ruta. Se le llenaron los ojos de lágrimas, como las que allí le ponía el viento de su Neuquén natal.


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José se levantó el domingo para hacer zapping con un tedio suicida. Era un día fresco pero lindo. Afuera se oían las voces que marchaban a misa. José no había querido ir a buscar el diario y todavía estaba en pijama. Al rato dejó puesto el canal 2 para indignarse gratis un rato. Pensó en hacerse un mate pero nunca terminaba de levantarse de la silla. Se dio cuenta de que no era indignación lo que tenía sino angustia. Un terrible miedo al vacío. ¿Cómo iba a sobrevivir este Domingo de Pascuas? ¿Qué pasaría si Quilmes ascendía? ¿En qué pensaría el año siguiente? ¿Para qué ir a ver al Defe? Por fin se levantó para calentar la pava, pensando que a lo mejor Boca levantaba y peleaba el campeonato que viene.


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No saben cuánto me duele la cintura. Qué tensión, viejo, el partido. No daba pechear, más cuando fue la primera vez que hacíamos sentir visitante a un equipo. Muchos ya arriesgan, dejan la cautela de lado. Ojala fuese un de ellos. Pero yo fui confiado el sábado y me hice gárgaras con los huevos. Quilmes se encarga de recordarte que sos de Quilmes. Bienvenido sea si es por finales así. Este equipo tiene épica.
Quizá bien adentro ya lo sepa, pero tampoco es una fija. Si ganamos las dos fechas que vienen, sí, ya me siento en primera —no son partidos fáciles y los demás se cruzan—. Igual, no tengo apuro. La cima está para disfrutarla y los días se pasan volando, con las revalidaciones saltándote encima. Quiero que dure y falta poco. En breve, la realidad.